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VIVIENDA

Fuerte Apache

 

Fuerte Apache: la gestión estatal de la vivienda social ha generado ghettos que consolidan la segregación. Las viviendas en monoblocks masivos están mal proyectadas, peor construidas y su costo es exorbitante. En Fuerte Apache se llegó al absurdo de dinamitarlo, duplicando el gasto.
Primero se gastó en construir el monoblock; luego se gastó en dinamitarlo y pagar indemnizaciones de 22.000 dólares a cada familia. ¿No era más fácil darles de entrada una ayuda para que cada
familia buscara una solución individual?

 



Vivienda digna para todos
Un nuevo modelo de gestión para una gestión modelo

Dos millones de familias argentinas viven en ranchos, tugurios y villas miseria. En materia de vivienda social, la gestión estatal ha fracasado, especialmente en las grandes ciudades. El esquema tradicional es que el Estado, desde una oficina pública, proyecta y licita grandes monoblocks que vuelven a concentrar a la población en barrios segregados del resto de la comunidad.

Es un proceso lento, caro y de cuestionables resultados sociales, porque en lugar de integrar a las familias al tejido urbano tradicional, consolida ghettos en monoblocks tipo Fuerte Apache, haciendo que la familia renuncie a un atributo esencial: la libre elección del domicilio, uno de los cuatro atributos de la persona (nombre, domicilio, estado civil y nacionalidad).

Para alcanzar la meta de asegurar Vivienda digna para todos hay que efectuar un cambio copernicano: subsidiar la demanda y no la oferta.  Poner a la familia en el centro de la escena, otorgándole un crédito subsidiado para que el beneficiario elija libremente una vivienda digna en el barrio de su preferencia. Chile ha implementado una política exitosa sobre esta misma base. La creación de una demanda agregada con capacidad de compra al contado de 2.000.000 de viviendas individuales, motorizará a miles de constructores privados –las PYME– que responderán al estímulo de esta demanda. El nuevo procedimiento no requiere licitaciones ni pago de certificados de obra. El acceso al mercado de oferta de las nuevas viviendas es libre. Cada emprendedor construye una o varias viviendas agrupadas. Luego tiene que conseguir un comprador compitiendo en igualdad de condiciones con los restantes emprendedores atraídos por el nuevo sistema.

Los beneficiarios recibirán un voucher que les permitirá obtener un crédito bancario para pagar al contado el precio acordado, con un tope de 30.000 dólares. Pero el desembolso del crédito recién se efectuará contra escritura de venta de la vivienda terminada. El beneficiario deberá constituir una hipoteca en primer grado a favor del banco garantizando la devolución del capital en 360 cuotas mensuales (treinta años), actualizadas por inflación. Los intereses serán pagados con la “securitización” de los fondos del FONAVI.

El Gobierno no construye absolutamente nada. Son los emprendedores privados –las PYME de la construcción– los que edificarán viviendas individuales (casas o departamentos) en lotes baldíos existentes, llenando los casilleros vacíos del damero urbano aprovechando la calle y los servicios públicos ya tendidos y haciendo más eficientes los servicios faltantes, porque el costo de una cañería de agua o de cloacas es el mismo para servir 15 casas por manzana que 40.

Las familias de las villas se integrarán al tejido social urbano adoptando pautas culturales y de comportamiento similares al resto de la comunidad. Se logrará así una verdadera integración social, en lugar de seguir consolidando la segregación en ghettos cerrados como Fuerte Apache, Barrio Piedrabuena y otros tantos que existen en todo el país.

villas

 

En la villa los lotes no tienen salida a la vía pública que permita el tendido de redes para el agua, la cloaca o el gas. La falta de calle impide el ingreso de las ambulancias, los bomberos y el servicio de
correos. La seguridad de los habitantes se vería fortalecida si fuera posible el patrullaje policial como en cualquier barrio normal. Al no existir calle y número, los residentes no tienen propiamente un domicilio identificable. El apiñamiento de las viviendas en lotes de ínfimas dimensiones genera un hacinamiento in salubre y promiscuo. Por eso, los esfuerzos hechos para transformar las villas en barrios normales han fracasado. Porque falta lo más esencial: la calle.

 

 

 

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