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| Introducción | |
| 10 Metas Principales |
El rol del Hombre en la TierraCreced y multiplicaos; henchid la Tierra y sometedla. Génesis, 1,1-2,4. La posición del hombre ante la Naturaleza varía en las distintas religiones: para los hindúes el hombre está por debajo de la vaca sagrada; para las religiones orientales de China y Japón el hombre está al mismo nivel que los restantes seres vivos, sean animales o plantas. Únicamente la religión judeocristiana proclama al hombre como Señor de la creación; titular del mandato bíblico de someter la Tierra. Someter la Tierra significa que el Hombre tiene un rol co-creador con la Providencia que le ha dado la inteligencia para poder dominar animales más fuertes, o mover pesos más pesados que su propio cuerpo. Las creencias religiosas influyen en la actitud vital que es más resignada y pasiva en la religión hindú y mucho más decidida y transformadora en el caso de la cultura judeocristiana. El Señor no actúa por sí en la Tierra, sino que ha dado libertad al hombre para que usando su inteligencia y su imaginación mejore su condición natural transformando el Planeta. Cuando el hombre embalsa las aguas para regar los desiertos; cuando atraviesa los ríos con puentes; cuando horada las montañas para atravesarlas con ferrocarriles o carreteras, no sólo está construyendo un dique, un puente o un túnel sino que está modificando el Planeta y cumpliendo el mandato divino de “someter la Tierra” que es rasgo distintivo de nuestras raíces culturales y religiosas. Darle un sentido trascendente a tareas repetitivas, monótonas y esforzadas es una forma de gratificar el espíritu y hacerlas más llevaderas. Cuenta un filósofo de la Edad Media que al llegar a París encontró un picapedrero quejoso y desganado trabajando en su oficio. El filósofo le preguntó: ¿Qué haces? Y contestó: pico piedras por una paga miserable. Poco más adelante otro picapedrero hacía la misma labor y probablemente recibiría la misma paga insuficiente. Sin embargo su rostro se veía radiante y entusiasta golpeando gozoso las piedras mientras las chispas y las esquirlas saltaban por todos lados. El filósofo le preguntó: ¿qué haces?. Contestó orgulloso: construyo catedrales. Darle un sentido trascendente a la labor humana, al trabajo duro y repetitivo, es actuar sobre la fibra más valiosa del ser humano. Es enaltecerlo como persona. La fórmula del desarrolloRoosevelt asumió su primera presidencia en 1933, cuando el desempleo agobiaba a Estados Unidos con 13 millones de desocupados. En su discurso inaugural ante el Congreso dijo: “Nuestra máxima prioridad es poner la gente a trabajar”. Para ello lanzó un gigantesco plan de obras públicas que dio empleo productivo a 8,5 millones de personas. Su éxito fue tan rotundo que fue electo para cuatro períodos presidenciales consecutivos. El último quedó inconcluso por su fallecimiento en 1945. En apenas ocho años construyó: * Un millón de kilómetros de caminos. Nuestro país apenas construyó 57.000 km. en toda su historia (menos del 6 por ciento). * 77.000 puentes, algunos de la importancia del puente colgante Golden Gate de San Francisco. * Grandes diques como el Hoover Dam en California y la sistematización integral del Valle de Tennessee; * 285 aeropuertos, en una época en que la navegación aérea era casi una curiosidad deportiva. * Centenares de miles de kilómetros de cañerías de agua y cloacas, además de escuelas, centros deportivos, edificios públicos, centros cívicos, parques públicos y las primeras autopistas. La frase de Roosevelt en su monumento en Washington sintetiza su política progresista: “Ningún país por rico que sea puede soportar el despilfarro de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo en gran escala es nuestra mayor extravagancia. Moralmente, es la mayor amenaza para nuestro orden social” Argentina hoy sufre una situación de parálisis y desempleo comparable a la Gran Depresión. Es mucho lo que podemos aprender de la política del New Deal. Los motores del desarrolloTres fueron los motores que ‘traccionaron’ al resto de la economía de los EE.UU. durante el Siglo XX: la vivienda, las carreteras, y el automóvil. Tal la conclusión unánime de un grupo de economistas demócratas y republicanos convocados por el Congreso en la década del ’70 para diagnosticar cómo salir de la stagflation que en esos momentos afectaba al país. La conclusión es importante porque demuestra que los verdaderos motores del crecimiento fueron actividades masivas y no de tecnología de punta. Porque, para ‘traccionar’ al resto de la economía interesa el volumen que sólo puede darse en actividades masivas: todos necesitamos una vivienda; todos necesitamos un auto, todos circulamos por las carreteras. La cuestión es especialmente relevante en una economía como la americana que ha sido líder indiscutido en el desarrollo de tecnologías de punta: cibernética, bioingeniería, fisión nuclear, viaje a la Luna. A pesar de la importancia de la tecnología de punta, no han sido éstas actividades los motores del desarrollo, porque la alta tecnología está reservada a una elite de investigadores y no alcanza el volumen masivo de las otras tres. Si Argentina quiere salir rápidamente de la depresión, debe fijar como metas estas actividades que se pueden alcanzar movilizando recursos internos disponibles que no requieren importaciones, ya que los insumos básicos son de producción local, y los equipos pesados –que son importados- están ociosos. Por ejemplo, tenemos distribuidoras de hormigón suficientes para construir 3.500 km. de autopistas por año y completar la Red Federal de Autopistas en apenas cuatro años. Parte de estos equipos están inactivos juntando herrumbre en los galpones. |
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