AGUA Y CLOACAS
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En 1871, la epidemia de fiebre amarilla, mató a más de 20.000 habitantes de Buenos Aires. Sarmiento, entonces Presidente de la Nación impulsó la construcción de la red de aguas corrientes, atacando las causas del problema. Se opuso el Senador Nacional Rawson de profesión médico, quien quería construir más hospitales. Sarmiento le respondió: con las aguas corrientes necesitaremos menos hospitales. Y así se hizo, convirtiendo a Buenos Aires en ciudad líder en saneamiento en América Latina, hasta 1950.
Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, 1871 Cuadro de Juan Manuel Blanes del Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay.
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Agua potable y cloacas para el 100 % de la población
Desde que el hombre apareció sobre la faz de la tierra, vivió durante miles de años sin electricidad, sin teléfono, sin televisión, sin mail y sin computadora. Pero ningún hombre pudo sobrevivir a la carencia de agua potable.
Cuando EE.UU. se hizo cargo de la construcción del Canal de Panamá en 1903, el Presidente Teodoro Roosevelt (tío de Franklin) convocó al Mayor de Sanidad William C. Gorgas para mejorar las condiciones sanitarias del personal. Las obras del Canal estuvieron paralizadas dos años y los 27.000 hombres se dedicaron a construir viviendas para su propio alojamiento, además de redes de agua, cloacas y fábricas de alimentos. Los responsables del Canal advirtieron que era imposible exigir rendimientos a los trabajadores porque carecían de servicios vitales. Roosevelt aprobó el temperamento y la obra se inauguró el 15 de agosto de 1914. Las ciudades construidas entonces siguen en pie y constituyen un modelo de urbanización simple y eficiente.
En la primera mitad del siglo XX, Argentina estaba a la cabeza de América Latina en provisión de agua potable de red. Hoy está detrás de Cuba, Colombia, Costa Rica, Uruguay, Méjico y Chile. En nuestro país, cinco millones de personas carecen de agua potable de red y catorce millones carecen de cloacas, computando exclusivamente población urbana.
El caso de Buenos Aires es el más grave y contradictorio porque, en un conglomerado de catorce millones de habitantes, cinco millones carecen de cloacas y 3 millones de agua segura. Además, diariamente, 3,2 millones de m3, sí reiteramos, diariamente 3,2 millones de metros cúbicos de agua cloacal cruda es arrojada a los cursos de agua de los cuales se saca el agua para beber. Las deficiencias del saneamiento hídrico inducen a la población a tomar agua envasada y gaseosas con un costo anual que supera los 1.000 millones de dólares.
El agua mineral envasada cuesta $ 14 el litro, servida en un restaurante. Cuatro veces más que la nafta, generando una situación paradojal, en una ciudad que tiene el privilegio de contar con el río más ancho del mundo. Esta paradoja nos remite a Arabia Saudita adonde el agua potable es también más cara que la nafta. Allá tiene lógica porque sobra el petróleo y el agua dulce es importada.
La falta de agua potable tiene un elevado costo social para la población más pobre: el 30 % de la mortalidad infantil tiene origen en enfermedades hídricas, evitables con abastecimiento de agua segura.
La Meta es dotar de agua potable y cloacas al 100 % de la población urbana de todo el país, saneando los cursos de agua mediante el tratamiento integral de los efluentes.
La construcción de esta gigantesca red de saneamiento exigirá cavar 80.000 kilómetros de zanjas y la colocación de las correspondientes tuberías. Equivale a dar dos veces la vuelta al mundo por el círculo del Ecuador. Implica trabajo de baja especialización en un volumen masivo, ideal para este contexto de desempleo estructural.
Cuando este plan esté concluido, podremos pescar en el Riachuelo, y en el Reconquista como hoy se pesca en el Támesis y bañarnos en el Río de la Plata.
Gas Natural
A la Red de Agua y Cloacas, es imprescindible incorporar el Servicio de Gas Natural para 12 millones de personas, lo que implica construir una Red de 27.000 kilómetros.
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