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AGUA POTABLE Y CLOACAS PARA EL CIEN POR CIEN DE LA POBLACIÓN URBANA


Resumen ejecutivo

El agua es absolutamente imprescindible para la vida. Ningún “ser viviente” puede sobrevivir sin este elemento vital.

En las ciudades, especialmente en los grandes aglomerados urbanos, cuando el agua es escasa o su calidad es deficiente, corre serio riesgo la salud de la población.

En nuestro país se da una gran paradoja: hay abundancia de agua dulce, con ríos caudalosos como el Río de la Plata, el Paraná, el Uruguay, el Río Negro, entre muchos otros, pero por falta de infraestructura de distribución y depuración, no llega hasta los centros de consumo. Tenemos lo esencial y nos falta lo accesorio: organizar la logística del servicio público universal, para lo cual contamos con todos los recursos. La tecnología ha abaratado el costo de las redes de agua y cloacas. Hoy se construyen con caños de PVC que se fabrican en nuestro país y que han desplazado a los de hormigón y hierro fundido, mucho más costosos.

No obstante estas condiciones propicias, el déficit hídrico es considerable. A nivel país, hay 6.435.532 personas sin agua segura y 18.747.551 sin cloacas.

Hay que encarar con urgencia, a nivel nacional, la construcción de una red de 80.000 km. de longitud para brindar servicio universal de agua y cloacas. Esta actividad es generadora de empleo productivo en gran escala. Se estiman unos 2.151.000 meses hombre.

El déficit hídrico es uno de los indicadores más elocuentes del subdesarrollo. Las estadísticas demuestran que al menos una de cada tres personas en el mundo carece de baño. Muere más gente de enfermedades causadas por no tener baños seguros y limpios que de VIH/SIDA, malaria y tuberculosis juntas.

"Una de las principales razones de la mortalidad infantil son las instalaciones sanitarias, un sector en el que todavía estamos muy atrasados"…"En muchos países todavía es más riesgoso ir al baño que cualquier otra actividad". Esto dijo Andreas Lindstrom, gerente de programas del Instituto Internacional del Agua con sede en Estocolmo, en una conferencia en Viña del Mar, Chile

Los representantes de los gobiernos, en la reunión del Día Mundial del Agua realizada el 22 de marzo de 2012 en las Naciones Unidas, reconocieron que una de las mayores paradojas que hoy enfrenta la humanidad es que hay más teléfonos celulares que baños limpios en la Tierra. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones hay 6.000 millones de celulares, mientras que 1.200 millones de los 7.000 millones de habitantes del planeta no tienen acceso a agua potable y 2.400 millones no están conectados a sistemas de cloacas.

Esta disparidad pone sobre el tapete la absurda contradicción de que servicios de alta tecnología como los celulares están disponibles para todos, mientras que servicios básicos tecnológicamente más simples, como proveer agua potable y descargas cloacales, exhiben un déficit alarmante. El mercado hace eficientemente lo difícil, pero los Gobiernos en los países subdesarrollados, parecen incapaces de hacer lo más simple: tender una tubería y transportar agua, cosa que ya hacían los romanos hace dos mil años.


Fiebre Amarilla

 

En 1871, la epidemia de fiebre amarilla, mató a más de 20.000 habitantes de Buenos Aires. Sarmiento, entonces Presidente de la Nación impulsó la construcción de la red de aguas corrientes, atacando las causas del problema. Se opuso el Senador Nacional Rawson de profesión médico, quien quería construir más hospitales. Sarmiento le respondió: con las aguas corrientes necesitaremos menos hospitales. Y así se hizo, convirtiendo a Buenos Aires en ciudad líder en saneamiento en América Latina, hasta 1950.
Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, 1871 Cuadro de Juan Manuel Blanes del Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay.

 


1.- Desarrollo humano y calidad de vida

El desarrollo de un país se mide, tradicionalmente, por su nivel de ingreso per cápita, calculado a partir de su producto bruto interno (PBI), que computa la cantidad total de bienes y servicios que se consumen. Esta medición no toma en cuenta la calidad de esos bienes y por lo tanto no evalúa cuánto aportan al bienestar de la población, a la “calidad de vida”, dando por supuesto que la libre elección de los consumidores logrará por sí sola una plena identidad entre cantidad de bienes y calidad de vida. Este sistema puede ser engañoso en aquellos bienes que el mercado no provee en forma espontánea y que requieren un impulso, estímulo o coordinación del estado. Por ejemplo, el agua es un servicio público que debería ser universal y de calidad excelente y homogénea, para que todos los habitantes puedan tomar agua de la canilla sin verse obligados a recurrir a sustitutos mucho más costosos, que no resuelven el problema de fondo. La recolección de las excretas y vertidos industriales, así como su tratamiento, también deberían ser universales para que todos los cursos de agua se conserven limpios.

En la región metropolitana de Buenos Aires, se gasta unos 2.000 millones de dólares anuales en aguas envasadas. Frente a esto, la gran paradoja es que la meta prioritaria de alcanzar un saneamiento integral y una provisión universal de agua verdaderamente potable, costaría la mitad. Sin embargo, la política oficial vigente es aplicar tarifas subsidiadas a la población que cuenta con estos servicios y obligar a los sectores más pobres, que no los tienen, a gastar mucho más de lo que pueden, en agua envasada.

Mientras más deficiente sea la calidad del servicio universal de agua potable, mayor será la adquisición de sucedáneos envasados más caros. El agua envasada servida en un restaurante cuesta más del doble que la misma cantidad de nafta. Un litro de agua mineral en restaurante llega a cobrarse $ 36.- mientras la nafta Super vale $ 13. (30.oct.14)

Desde la década de 1970, Amartya K. Sen, Nobel de Economía, comenzó a cuestionar la utilización del ingreso per cápita como único criterio para medir el nivel de desarrollo, proponiendo adoptar un Índice de Desarrollo Humano (IDH) en el que incorporó indicadores tales como salud, seguridad, educación, descentralización, discriminación por género etc. Este criterio proponía equiparar a la supervivencia y a la calidad de vida con el tradicional ingreso per cápita, para medir el nivel de desarrollo de un pueblo. Solía decir Amartya Sen que estar vivo es una condición esencial para poder disfrutar de los bienes.

El agua segura es una condición esencial para estar vivo: la mortalidad infantil se lleva cada año en nuestro país 4.000 vidas de niños de 0 a 5 años. Son muertes que pueden evitarse con saneamiento adecuado. En la Capital Federal, donde la calidad del saneamiento (agua y cloacas) es de buen nivel y alcanza a la mayor parte de la población, la tasa de mortalidad infantil está en el orden del 10 por mil, mientras que en las provincias periféricas se registran tasas seis veces más altas: 60 por mil, similares a las de África. De cada cien niños que nacen mueren seis en los primeros cinco años. Con saneamiento universal podríamos evitar cinco de cada seis muertes.

En la mayoría de los países, el objetivo que se fija como meta para que la gente supere el nivel de pobreza, es librar una batalla contra los bajos ingresos. Siguiendo este criterio, si entregáramos a cada pobre una suma de dinero suficiente para que accediera a la categoría de no pobre, desde el punto de vista meramente cuantitativo del PBI, el tema quedaría resuelto. Pero esto no alcanza. Más dinero en el bolsillo no resuelve la carencia de vivienda higiénica, ni la falta de agua potable, o la insuficiencia de transportes. Todos estos servicios deben ser vistos como servicios universales, de los cuales depende la calidad de vida: constituyen un umbral mínimo para el despegue y el desarrollo humano, en todas sus potencialidades.

Amartya Sen señala que existe una íntima conexión entre inversión en la niñez y desarrollo, al reducirse la tasa de mortalidad de los menores de 5 años como consecuencia de implementar un servicio universal de agua potable y cloacas. La reducción de la mortalidad evitable es, en sí misma, una contribución importante al proceso de desarrollo, ya que la muerte prematura es una negación básica del bien más valioso: la propia vida. Reflexiona Amartya Sen: Uno tiene que estar vivo en vez de muerto para poder lograr muchas de las cosas que nosotros valoramos alcanzar. Vivir no sólo es divertido, sino también facilita grandemente las cosas que queremos alcanzar.


LAS REDES DE SANEAMIENTO Y LAS VILLAS MISERIA

Como se explicó al tratar la meta Viviendas, la peor carencia de las villas miseria radica en la ausencia de tejido urbano. No hay calles. Falta el damero de la cuadrícula. No existe el espacio público esencial para la circulación y para el tendido de las redes de servicio. Tanto las redes de agua, cloacas, desagües pluviales (además de la red de gas natural) deben ser enterrados y la única posibilidad de hacerlo es la vía pública. Sin calles, el tendido de estas redes es físicamente imposible. Por eso, la urbanización de las villas es una tarea imposible porque para abrir las calles habría que demoler gran parte de las viviendas. Por otra parte, el grado de apiñamiento entre las edificaciones obligaría a abrir muchas más calles de las necesarias en el damero tradicional, con lo cual la apertura de los trazados se convierte en una tarea ímproba.

En la década del 90 en la villa La Cava del Partido de San Isidro se llegó al extremo de colocar una red precaria de distribución de agua en forma aérea colgando los caños de PVC de los postes del tendido eléctrico. Desde luego esto es imposible con las redes de cloacas y los desagües pluviales por su mayor diámetro y porque únicamente funcionan por gravedad.

Es indispensable entonces erradicar las villas y facilitar, mediante créditos accesibles, la integración de sus habitantes al tejido urbano, en viviendas dignas con todos los servicios esenciales de saneamiento.


 

2.- En el mundo existen más teléfonos celulares que baños limpios

Los representantes de los gobiernos, en la reunión del Día Mundial del Agua realizada el 22 de marzo de 2012 en las Naciones Unidas, reconocieron que uno de las mayores paradojas que hoy enfrenta la humanidad, es que hay más teléfonos celulares que baños limpios en la Tierra.

En efecto, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones hay 6.000 millones de celulares, mientras que 1.200 millones de personas entre los 7.000 millones de habitantes del planeta no tienen acceso a agua potable y 2.400 millones no están conectados a sistemas de cloacas.

"Una de las principales razones de la mortalidad infantil son las instalaciones sanitarias, un sector en el que todavía estamos muy atrasados", dijo Andreas Lindstrom, gerente de programas del Instituto Internacional del Agua con sede en Estocolmo, en una conferencia en Viña del Mar, Chile. "En muchos países todavía es más riesgoso ir al baño que cualquier otra actividad".

Las estadísticas demuestran que al menos una de cada tres personas no tiene baño. Muere más gente de enfermedades causadas por no tener un lugar seguro y limpio para ir al baño que de VIH/SIDA, malaria y tuberculosis juntas.

"Las presiones en materia de infraestructura del agua que se pone de manifiesto el Día Mundial del Agua, muchas veces se pierden en medio de la atención que se centra en el desarrollo de las comunicaciones y la energía", señalan los expertos "Sin agua, no hay vida y, aun así, en muchos sentidos, el agua se ha convertido en el insumo olvidado".

La disparidad existente entre teléfonos celulares y provisión de saneamiento pone sobre el tapete la absurda contradicción de que servicios de alta tecnología como los celulares están disponibles para todos, en tanto cuestiones tecnológicamente más simples como proveer agua potable y descargas cloacales exhiben un déficit alarmante. El mercado hace eficientemente lo difícil, pero los Estados, en su mayoría, parecen incapaces de hacer lo más simple. Tender una tubería y transportar agua, tarea que ya realizaban los romanos hace dos mil años.

Señala con acierto el notable economista Ricardo Hausmann: El hogar promedio en India carece de servicios de agua corriente y como consecuencia muchos de los indios que tienen teléfonos celulares deben defecar al aire libre. Copyright: Project Syndicate, 8.nov. 2014



3.- La situación en nuestro país



LA ÚLTIMA DÉCADA

El saneamiento no ha mejorado en la última década. El 46,82 % de los hogares de todo nuestro país carece de cloacas. Esto implica que 18.747.000 habitantes no están conectados a este servicio esencial. Según el último censo (2010) la cantidad de hogares sin cloacas aumentó desde el 2001 en 1.161.936 familias. Esto representa un crecimiento de la población no servida de 3.822.000 habitantes.

Por otra parte, hay 1.956.000 hogares sin servicio de agua segura de red que significa que 6.435.000 habitantes carecen de este servicio vital.



Como en tantas otras áreas, nuestro país padece un retroceso inaceptable en servicios sanitarios. En 1930 había logrado un sistema de saneamiento de alcance universal en todas las ciudades importantes. Alejandro Bunge señala en su libro La Nueva Argentina, que ocupábamos el segundo lugar en el mundo en menor tasa de mortalidad infantil, sólo superado por Holanda. Esto se debía principalmente al servicio universal de agua potable en las ciudades y también a que las madres amamantaban a sus hijos y el pueblo en general estaba bien alimentado con abundancia de proteínas baratas basadas en la dieta cárnea.

Hoy nuestro país, en franca decadencia, tiene 6.435.532 de personas sin agua segura y 18.747.000 sin cloacas. Hay abundancia de lo esencial, y escaso en muchas regiones del mundo: el agua dulce. Sólo nos falta lo accesorio: depurarla y distribuirla. Es decir, organizar la logística del transporte para lo cual contamos con todos los recursos. Las redes de agua y cloacas, hoy se construyen con caños de PVC, que han desplazado a los de hormigón y hierro fundido y se fabrican en nuestro país. El PVC se fabrica con materias primas que tenemos en abundancia. Es un polímero compuesto de sal común o cloruro de sodio (57 %) y gas natural (43 %) ambos elementos disponibles en nuestro país. Para el tendido de las redes, es necesario excavar unos 120.000 km. de zanjas, tres veces la vuelta al globo terráqueo por el Ecuador. Es una obra de gran escala pero de simplicidad técnica, que generaría trabajo útil por 3.227.000 meses hombre, ya que gran parte de las zanjas deben excavarse a mano para no dañar otros servicios. Es un emprendimiento ideal para dar empleo masivo a personal no especializado, que son los más afectados por el desempleo.

Las tarifas actuales de estos servicios son bajas y admiten aumentos, siempre que previamente se vaya expandiendo el servicio y que los incrementos alcancen tanto a quienes ya disponen del mismo, como a quienes vayan incorporándose. En resumen, el pago de la tarifa vigente debe ser universal y no deben aplicarse aumentos en términos reales si previamente no se habilitaron las nuevas obras.

Tenemos en esta área una tarea urgente y prioritaria: dotar de agua potable y cloacas al 100% de la población de todo el territorio nacional, saneando los cursos de agua mediante un tratamiento integral de los efluentes.

 
 
 

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